“Sin brújula podemos ir a cualquier parte”: ¿qué hará Paraguay con PISA?
Tras la presentación de los resultados de PISA Paraguay, una intervención puso el foco en una pregunta que sigue pendiente: qué hará el país con las causas que ya conoce y cómo logrará sostener las soluciones más allá de los cambios de gobierno.

Pero, más allá de identificar las causas, permanece una pregunta de fondo: ¿qué se hará concretamente con todo lo que Paraguay ya sabe?
Ese fue uno de los principales ejes planteados durante una intervención realizada tras la presentación de los resultados. Con una mirada crítica, pero también orientada a la búsqueda de soluciones, se planteó que el país no puede continuar comenzando de cero con cada cambio de administración ni repetir indefinidamente los mismos diagnósticos.
La propuesta apunta a construir políticas educativas que trasciendan los períodos gubernamentales, con metas verificables, responsables identificados y mediciones periódicas que permitan corregir el rumbo antes de llegar a una nueva evaluación internacional.
La idea central es que evaluar no debe convertirse en un mecanismo de castigo, sino en una herramienta para aprender institucionalmente. Del mismo modo, corregir una política que no funciona debería ser entendido como una responsabilidad de gestión y no como una derrota.
Una arquitectura para no volver a empezar
Uno de los planteamientos más concretos fue la necesidad de contar con una arquitectura informática educativa interoperable y sostenible.
La propuesta no se limita a digitalizar registros administrativos. Busca integrar los sistemas existentes y preservar la memoria institucional para que la información pueda acompañar las trayectorias educativas a lo largo del tiempo, independientemente de quién esté al frente del Ministerio de Educación y Ciencias.
El objetivo sería poder observar qué está aprendiendo cada estudiante, dónde aparecen las dificultades, qué intervención recibió, si esa intervención produjo avances y qué necesita modificarse.
En el centro deberían estar los aprendizajes fundamentales: prealfabetización, lectura, comprensión, escritura, razonamiento matemático y pensamiento científico.
Con información integrada y comparable, los datos dejarían de servir únicamente para administrar matrículas, asistencia, infraestructura o presupuesto y pasarían a ser una herramienta para gobernar los aprendizajes.
Una deuda que viene de lejos
La intervención también llamó a evitar explicaciones que atribuyan toda la responsabilidad a docentes, familias o estudiantes.
Los rezagos actuales son el resultado acumulado de decisiones, omisiones y discontinuidades de distintos gobiernos, autoridades y equipos técnicos. Por eso, la salida requiere una mirada sistémica y políticas capaces de sostenerse en el tiempo.
Cada programa debería poder responder preguntas básicas: qué aprendizaje pretende mejorar, cómo lo hará, cuánto tiempo necesita, qué recursos utilizará, quién será responsable y de qué manera se comprobará su impacto.
El planteamiento, en definitiva, propone pasar de la administración de programas a una verdadera gobernanza de los aprendizajes, basada en continuidad, información integrada, seguimiento, evaluación independiente y rendición pública de resultados.
La presentación de PISA, desde esta perspectiva, no debería agotarse en una noticia que genera preocupación durante unas semanas. Debería convertirse en un punto de inflexión para revisar qué funciona, qué debe cambiar y qué políticas necesitan mantenerse durante años.
La reflexión concluye desde una perspectiva ciudadana y con una frase que resume el planteamiento: “Sin brújula podemos ir a cualquier parte”.
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