Bursitis de rodilla: síntomas, causas y cuándo consultar a un médico
La bursitis de rodilla es una inflamación de las bursas que rodean la articulación y puede aparecer por golpes, presión repetida, sobrecarga física o algunas enfermedades. Conocer sus síntomas permite actuar a tiempo y evitar complicaciones.

La inflamación puede presentarse en diferentes zonas de la rodilla, aunque es más frecuente sobre la rótula o en la parte interna de la articulación. Puede comenzar de manera repentina después de un golpe o desarrollarse progresivamente debido a la presión y el roce repetidos.
Arrodillarse durante mucho tiempo, especialmente sobre superficies duras, es uno de los factores más habituales. También pueden influir la sobrecarga física, ciertas actividades deportivas, traumatismos y enfermedades como la artrosis, artritis reumatoide o gota.
Dolor, hinchazón y calor
El síntoma más frecuente es el dolor acompañado de sensibilidad e hinchazón en la zona afectada. La rodilla también puede sentirse caliente y generar molestias tanto al moverla como durante el reposo.
Cuando existe una infección de la bursa, pueden aparecer fiebre, escalofríos, aumento persistente de la hinchazón, cambios en la coloración de la piel y dificultad para mover o extender la articulación. Estos signos requieren una evaluación médica.
El diagnóstico comienza generalmente con un examen físico de ambas rodillas, durante el cual se observa la presencia de inflamación o calor y se evalúa el movimiento de la articulación. Según el caso, pueden solicitarse estudios adicionales para descartar otras causas.
Si existe sospecha de infección o gota, el profesional puede extraer mediante una aguja una pequeña cantidad del líquido acumulado en la bursa para analizarlo.
¿Cómo aliviar las molestias?
El tratamiento depende de la causa y de la intensidad de los síntomas. En cuadros leves, reducir temporalmente las actividades que provocan dolor, aplicar frío, mantener la pierna elevada y utilizar una compresión suave pueden ayudar a disminuir las molestias.
La fisioterapia también puede ser indicada para recuperar movilidad y fortalecer los músculos que rodean la rodilla, especialmente cuando existe riesgo de que la bursitis vuelva a aparecer.
Cuando la inflamación persiste, el especialista puede considerar la aspiración del líquido o, en determinados casos, una inyección de corticoides. Si existe una infección bacteriana, el tratamiento puede incluir antibióticos. La cirugía para retirar la bursa se reserva para situaciones poco frecuentes.
Cuidados y prevención
En casa, una de las primeras medidas es descansar la rodilla y suspender temporalmente la actividad que provocó el dolor. También se recomienda evitar arrodillarse o realizar movimientos que aumenten las molestias.
Las compresas frías durante unos 20 minutos, varias veces al día, pueden ayudar a controlar la inflamación. Una venda suave o rodillera y mantener la pierna elevada también pueden ser útiles.
Para prevenir nuevos episodios, conviene reducir la presión repetida sobre la rodilla, utilizar protectores cuando sea necesario trabajar arrodillado, hacer pausas y alternar tareas. Mantener una actividad física adecuada y controlar el peso, cuando existe sobrepeso, también puede disminuir la presión sobre la articulación.
Si el dolor o la hinchazón no mejoran, aumentan o aparecen signos como fiebre y cambios importantes en la piel, es importante consultar con un profesional de salud.
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